jueves, 1 de enero de 2015

Año nuevo, entrada nueva

Alguna vez he hablado en el blog de la «caza» de libros. Recorrer librerías tratando de encontrar ese título que tenemos en busca y captura desde hace tanto. Rastrear Internet en un desesperado intento de localizar un libro que deseamos leer y que aparece como descatalogado desde hace tanto tiempo. También hemos tratado en alguna ocasión sobre el instinto que nos hace fijarnos en una determinada portada, en un título, en esa sinopsis que leemos en la contraportada o en las solapas de un libro que vemos en un estante, que tomamos en nuestras manos y que sabemos que vendrá con nosotros lo queramos (y, en verdad, lo queremos) o no. 

Creo, sin embargo, que no he hablado antes por aquí de una forma ciertamente errática, azarosa, que ponía en práctica hace tiempo, para elegir algunas de mis lecturas. Tiempo atrás solía ir mucho más a la biblioteca pública de lo que lo hago ahora. Un hábito que deseo recuperar, por otra parte, ya que creo que nuestras bibliotecas merecen todo nuestro apoyo y que requieren de los lectores para seguir abiertas. El caso es que, con esto de vivir relativamente lejos de la Biblioteca Provincial de Málaga, únicamente de cuando en cuando me animo a acudir a la misma para sacar algunos libros, casi siempre previa consulta del catálogo bibliográfico en línea. A tiro hecho, como suele decirse. Cuando vivía en Granada solía ir a la biblioteca de mi pueblo y a la provincial de Granada, pero es cierto que aquí, en Málaga, teniendo un par de barrios con biblioteca cerca, no tengo perdón a este respecto. 

Volviendo al hilo principal de esta entrada, que, para ser la primera de 2015, ya estoy desvariando demasiado, os decía que tenía una forma particular de elegir algunas lecturas. Se trataba, simplemente, de deambular erráticamente entre las estanterías de la biblioteca, sacando libros al azar, echándoles un ojo, leyendo su argumento, o la breve reseña biográfica del autor, o algunas páginas al azar. Si el libro me llamaba la atención por un motivo u otro, se venía conmigo a casa. Si no, lo devolvía a su sitio y proseguía con mi práctica. De esta forma, podía encontrarme con lecturas abominables o descubrir maravillosas historias. Incluso algún filón-autor habré descubierto así. ¿Y vosotros? ¿Os dejáis llevar por el instinto a la hora de elegir lecturas de algún modo similar?

El caso es que hace unos días acudí a la biblioteca de la Colonia de Santa Inés. Una biblioteca de barrio pequeñita, ubicada en un edificio encantador de tejas azules y verdes, con apenas una sala de lectura donde, en las estanterías apoyadas contra sus cuatro paredes, podemos encontrar todos los fondos que posee. Pero, incluso así, tiene una interesante diversidad que ofrecer a sus lectores. De esa visita traje conmigo tres libros que constituyeron las últimas lecturas de 2014 y que darán pie a las tres primeras reseñas de 2015 en el blog. En los próximos días las tendréis por aquí, deseando animar esta bitácora que, durante el año pasado, estuvo demasiado silenciosa.


Mientras tanto, os dejo en buena compañía. La de la lectura que hayáis elegido para iniciar este día. 

¡Feliz Año Nuevo!

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